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Coincidiendo con el primer domingo de mes, dedicado a Caritas presentamos algunas consideraciones del Papa en torno a los pobres.

En primer lugar, el Papa Francisco explica porque el concepto de "pobre" tiene un lugar privilegiado en la Iglesia: "El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Co8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres." Es decir, la pobreza es un atributo de identificación con Cristo.

Toda la vida de Cristo está marcada por la pobreza, también la fiesta de hoy lo manifiesta: "fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7)"

De ahí que "para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia»". La Iglesia antes que hablar de los pobres, está llamada a hablar con los pobres.

Prosigue explicando la dimensión espiritual de esta consideración, citando a su predecesor: "Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza»"

El Papa sitúa a los pobres en el centro de la Nueva Evangelización: "Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia."

El Papa tiene una mirada privilegiada, atenta y considerada con los pobres, puesto que mira al pobre «considerándolo como uno consigo»: "Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia". No se trata de mirar a los pobres desde arribar, sino de compartir con ellos nuestro caminar hacia Cristo.

Por esto mismo, no podemos cerrarles las puertas a la vida de fe, a la vida cristiana. Con palabras exigentes, el Papa exhorta: "quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria."

Por último, nos involucra a todos en el amor a los pobres: "Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos".

La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria.

El Santo Padre comentó el evangelio de la fiesta de Santo Tomás Apóstol, y afirmó que para encontrar al Dios vivo "hay que besar con ternura las llagas de Jesús en nuestros hermanos hambrientos, pobres, enfermos y en los que están en la cárcel".

 

Después de la resurrección, dijo el Papa Francisco, Jesús se aparece a los apóstoles, pero Tomás no estaba allí: "quería que esperara una semana. El Señor sabe por qué hace las cosas. A cada uno de nosotros le da el tiempo que él piensa que es mejor para nosotros. A Tomás le ha concedido una semana. Jesús se presenta con sus llagas: todo su cuerpo estaba limpio, hermoso, lleno de luz – continuó el Santo Padre -, pero las llagas estaban y están todavía, y cuando el Señor vendrá, al final del mundo, nos enseñará sus llagas. Tomás, para creer, quería meter sus dedos en las llagas: era un testarudo. Pero el Señor quiso precisamente un testarudo para hacernos comprender algo más grande. Tomás vio al Señor, que le invitó a meter el dedo en la herida de los clavos, a poner su mano en el costado y no dijo: es verdad: el Señor ha resucitado. ¡No! Fue más allá. Dijo: ¡Dios! Es el primer discípulo que confiesa la la divinidad de Cristo después de la resurrección. Y que adora".

 

 

 

 

"Otros - dijo el Papa - pensaban que para llegar a Dios hay que ser mortificado y austero, y han elegido el camino de la penitencia: sólo la penitencia y el ayuno. Y ni siquiera estos llegaron al Dios vivo, a Jesucristo Dios vivo. Son los pelagianos, que creen que con su esfuerzo pueden llegar. Pero Jesús nos dice que la manera de encontrarle es encontrando sus llagas, y las llagas de Jesús las encuentras con las obras de misericordia, dando al cuerpo y al alma, sobre todo al cuerpo – subrayó el Papa – de tu hermano llagado, porque tiene hambre, porque tiene sed, porque está desnudo, porque está humillado, porque es un esclavo, porque está en la cárcel, porque está en el hospital. Esas son las llagas de Jesús hoy. Y Jesús nos invita a dar un acto de fe, en Él, pero a través de estas llagas. ¡Vale, muy bien! ¡Hagamos una fundación para ayudar a todo el mundo y hacer tantas cosas buenas! Eso es importante, pero si nos quedamos en este nivel seremos sólo filantrópicos."...

 

"Tenemos que tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús, tenemos que curar las llagas de Jesús con ternura, tenemos que besar las llagas de Jesús, y esto literalmente. Pensemos, ¿qué pasó con San Francisco, cuando abrazó al leproso? Lo mismo que a Tomás, que su vida cambió. Para tocar al Dios vivo – afirmó el Papa - no hay necesidad de hacer un curso de actualización, sino entrar en las llagas de Jesús, y para ello basta salir a la calle. Pidamos a Santo Tomás a gracia de tener el coraje para entrar en las llagas de Jesús con nuestra ternura y seguramente tendremos la gracia de adorar al Dios vivo".

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¡Muchas gracias! por lo que están haciendo, por el trabajo.
Estoy contento que estén reunidos y que tengan esperanza mirando adelante. Porque cuando miramos atrás siempre quedamos aprisionados por la dificultad de las tribulaciones, los problemas. Bueno, esas cosas que suceden en la vida y que nos hacen sufrir. Así que hay que mirar adelante como ustedes.
Institucionalmente la Caritas es parte esencial de la Iglesia. Una Iglesia sin la caridad no existe. Y la Caritas es la institución del amor de la Iglesia. La Iglesia se hace institución en la Caritas. Por eso la Caritas tiene esa doble dimensión: Una dimensión de acción; acción social entre comillas. Acción social en el sentido más amplio de la palabra. Y una dimensión mística, es decir, metida en el corazón de la Iglesia. La Caritas es la caricia de la Iglesia a su pueblo. La caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, la ternura, la cercanía.

caritasPensemos en la belleza de la Madre Teresa de Calcuta cuya luminosidad no proviene de ningún maquillaje ni de ningún efecto especial sino de ese resplandor que tiene la caridad cuando se desgasta cuidando a los más necesitados, ungiéndolos con ese aceite perfumado de su ternura. Cuando pensamos en ella nuestro corazón se llena de una belleza que no proviene de los rasgos físicos o de la estatura de esta mujer sino del resplandor hermoso de la caridad con los pobres y desheredados que la acompaña.

En el Jesús roto de la cruz que no tiene apariencia ni presencia a los ojos del mundo y de las cámaras de TV, resplandece la belleza del amor hermoso de Dios que da su vida por nosotros. Es la belleza de la caridad, la belleza de los santos. Cuando pensamos en alguien como la madre Teresa de Calcuta nuestro corazón se llena de una belleza que no proviene de los rasgos físicos o de la estatura de esta mujer, sino del resplandor hermoso de la caridad con los pobres y desheredados que la acompaña.

bergoglioA continuación, presentamos el texto de una homilia el entonces Cardenal Bergoglio, donde presenta dos realidades en torno a la escucha: primero, que Dios "ama escuchar"; y segundo, que "para ayudar a alguien primero hay que escucharlo".

"La lectura del Exodo nos dice algo muy simple y a la vez muy hermoso, muy consolador: Que Dios nos escucha. Que Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de su pueblo. Este clamor silencioso de la fila interminable que pasa delante de San Cayetano. Nuestro Padre del Cielo escucha el rumor de nuestros pasos, la oración que vamos musitando en nuestro corazón, a medida que nos acercamos.

 

Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven, al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de los otros y sus necesidades, al acordarnos de cosas lindas y cosas tristes que nos han pasado este año... Dios nos escucha.

Él no es como los ídolos, que tienen oídos pero no escuchan. No es como los poderosos, que escuchan lo que les conviene. Él escucha todo. También las quejas y los enojos de sus hijos. Y no sólo escucha sino que ama escuchar. Ama estar atento, oír bien, oír todo lo que nos pasa.

Por eso nos dice Jesús "el Padre sabe bien lo que necesitamos" y no hace falta hablarle mucho. Basta con el Padrenuestro. Porque Él escucha hasta nuestros pensamientos más íntimos. El Evangelio dice que ni un pajarito cae en tierra sin el Padre. Y bien podría ser que diga: "sin que el Padre escuche que cae".

Hoy venimos a pedir dos gracias: la gracia de "sentirnos escuchados" y la gracia de "estar dispuestos a la escucha". Con Jesús y san Cayetano queremos aprender a escuchar y a ayudar a nuestros hermanos. Éste es el lema que nos llevaremos en el corazón.

Escuchemos ahora, atentamente, cómo nos habla nuestro Dios en la Sagrada Escritura.

Dice: "Yo soy el Dios de tus padres... y tengo bien vista la opresión de mi pueblo que está en Egipto. He escuchado sus gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, Yo conozco muy bien sus sufrimientos" (Ex 3, 6-7). Nuestro Padre escucha todos nuestros gritos de dolor, pero escucha de manera especial los gritos de dolor provocados por la injusticia : provocados, dice, por los capataces de los Faraones de este mundo. Hay dolores y dolores. Los del salario retenido, los de la falta de trabajo, son de los dolores que claman al cielo. Ya lo dice el Apóstol Santiago: "Miren; el salario que no han pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos" (Sant 5, 4). Los dolores que van con injusticia claman al cielo, porque son dolores que se pueden evitar, simplemente siendo justos, privilegiando al más necesitado, creando trabajo, no robando, no mintiendo, no cobrando de más, no ventajeando...

En el Evangelio del Juicio final también se nos habla de una escucha. Jesús separa las ovejas de las cabras y dice a las ovejitas: "Vengan benditos de mi Padre, reciban el reino en herencia, porque tuve hambre y Ustedes me dieron de comer...". Los justos le preguntan "Pero ¿cuándo, Señor, te vimos hambriento...?" Y el Señor les responde: "Cada vez que ayudaron al más pequeño de mis hermanos, me estaban ayudando a mí".

La parábola del juicio final es la manera que tiene Jesús de decirnos que Dios ha estado atento a toda la historia de la humanidad. Que Él ha escuchado cada vez que algún pobrecito pedía algo. Cada vez que alguien, aunque fuera con voz bajita, como la gente más humilde que pide que casi ni se la oye, cada vez que alguno de sus hijitos ha pedido ayuda, Él ha estado escuchando. Y lo que va a juzgar en nosotros los hombres es si hemos estado atentos junto con Él, si le hemos pedido permiso para escuchar con su oído, para saber bien qué les pasa a nuestros hermanos, para poder ayudarles. O si al revés, nos hemos hecho los sordos, nos hemos puesto los walkman, cosa de no escuchar a nadie. Él escucha y, cuando encuentra gente que tiene el oído atento como el suyo y que responde bien, a esa gente la bendice y le regala el Reino de los cielos.

Esto de la escucha es una gracia muy grande, y hoy se la pedimos a San Cayetano para nuestro pueblo, para todos nosotros: que nos sepamos escuchar. Porque para ayudar a alguien, primero hay que escucharlo. Escuchar qué le pasa, qué necesita. Dejarlo hablar y que él mismo nos explique lo que desea. No basta con ver. A veces las apariencias engañan. Saber escuchar es una gracia muy grande. Fíjense que nuestro Padre del Cielo nos recomienda vivamente una sola cosa, y es que "escuchemos a Jesús, su Hijo". Ésa es la esperanza del Padre: "escucharán a mi Hijo". Y Jesús nos dice que cuando escuchamos a nuestros hermanos más pequeños, lo escuchamos a Él.

¿Cómo puede ser que haya gente que diga que Dios no habla, que no se entiende bien lo que quiere decir? Claro, es gente que no escucha a los pobres, a los pequeños, a los que necesitan... Gente que sólo escucha las voces machaconas de la propaganda y de las estadísticas y no tiene oídos para escuchar lo que dice la gente sencilla.

Escuchar no es oír, simplemente. Escuchar es atender, querer entender, valorar, respetar, salvar la proposición ajena... Hay que poner los medios para escuchar bien, para que todos puedan hablar, para que se tenga en cuenta lo que cada uno quiere decir.

La novena de San Cayetano es un ejemplo de escucha. Durante todo el año se trabaja preguntando a la gente qué es lo que más quiere pedir este año, qué es lo que se necesita. Y se reza y se discierne entre todas las peticiones. Así se va formando el lema de la novena.

Porque el Santo es como si fuera un oído especial de nuestro Padre para una petición especial de su pueblo: la del pan y la del trabajo. Los santos son como los oídos de Dios, uno para cada necesidad de su pueblo. Y también nosotros podemos ser santos en este sentido, ser oído de Dios en nuestra familia, en nuestro barrio, en el lugar donde nos movemos y trabajamos. Ser una persona que escucha lo que necesita la gente, pero no sólo para afligirnos o para ir a contarle a otro, sino para juntar todos estos reclamos y contárselos al Señor. Cuántos ya lo hacen trayendo los papelitos y las peticiones de sus familiares a los pies del santo. Además de la propia petición cada uno viene con la de otro que le encomendó por que no podía venir. Bueno, ésa es la escucha que San Cayetano nos enseña y que nosotros aprendemos: estar dispuestos a escuchar como escucha el santo, como escucha nuestro Padre Dios. Escuchar para así poder ayudar: intercediendo y dando una mano.

Que la Virgen nuestra Madre, que es la predilecta de Dios y de su Pueblo en esto de escuchar y pasar mensajes de buenas noticias, reciba nuestros ruegos y nos dé la gracia de sabernos escuchar." (Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2006))

Los voluntarios de Caritas de nuestra parroquia confeccionó el siguiente letrero para expresar el trabajo que realizamos por los pobres. Fue utilizado en la muestra de Caritas Diocesana, y en éste, también colaboraron otras parroquias de la ciudad.

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En el centro de la presentación está el siguiente fragmento evangélico:

"El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa" Mt 10,40-42

En el centro está el  Evangelio y de éste, salen sus frutos de caridad: ORACIÓN, ALIMENTOS, ACOGIDA, VISITAR, ACOMPAÑAR.

Es un pequeño mapa conceptual para expresar nuestra labor en Caritas, enraizada en el Evangelio.

Presentamos algunos párrafos de este documento del Papa sobre el ejercicio de la Caridad en la Iglesia que ha aparecido hace pocos meses:

Del Proemio

La Iglesia vive la caridad también como institución, así explica el Sumo Pontífice:

"La Iglesia está llamada a ejercer la diakonia de la caridad en su dimensión comunitaria, desde las pequeñas comunidades locales a las Iglesias particulares, hasta abarcar a la Iglesia universal; por eso, necesita también «una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado», una organización que a su vez se articula mediante expresiones institucionales."

Por eso, el Papa manifiesta la necesidad de dar normas al respecto:

"Desde esta perspectiva, por tanto, con el presente Motu proprio deseo proporcionar un marco normativo orgánico que sirva para ordenar mejor, en líneas generales, las distintas formas eclesiales organizadas del servicio de la caridad, que está estrechamente vinculada a la naturaleza diaconal de la Iglesia y del ministerio episcopal."

Con estas normas, se busca evitar el peligro de perder la identidad cristiana en las organizaciones eclesiales de caridad:

"En efecto, en todos sus ámbitos, la actividad caritativa de la Iglesia debe evitar el riesgo de diluirse en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes"

De la parte dispositiva

Por lo tanto, es necesaria la formación y la vida espiritual de los que participan de dichas instituciones:

"Con el fin de garantizar el testimonio evangélico en el servicio de la caridad, el Obispo diocesano debe velar para que quienes trabajan en la pastoral caritativa de la Iglesia, además de la debida competencia profesional, den ejemplo de vida cristiana y prueba de una formación del corazón que testimonie una fe que actúa por la caridad. Con este objetivo, provea a su formación también en ámbito teológico y pastoral, con específicos curricula concertados con los directivos de los varios organismos y con propuestas adecuadas de vida espiritual.

Asimismo, el Santo Padre llama a los Obispos con la colaboración de los párrocos a fomentar la realidad de Caritas en las parroquias y de otras iniciativas de Caridad:

"El Obispo debe favorecer la creación en cada parroquia de su circunscripción de un servicio de «Caritas» parroquial o análogo, que promueva asimismo una acción pedagógica en el ámbito de toda la comunidad para educar en el espíritu de una generosa y auténtica caridad. Si fuera oportuno, dicho servicio se constituirá en común para varias parroquias del mismo territorio.

Corresponde al Obispo y al párroco respectivo asegurar que, en el ámbito de la parroquia, junto a la «Caritas» puedan coexistir y desarrollarse otras iniciativas de caridad, bajo la coordinación general del párroco."

El documento pontificio toca muchos otros temas, pero hemos seleccionados aquellos más estrechamente ligados con la parroquia.