madre maravillas11 de diciembre: Sta. Maravillas de Jesús

-19 h Sto. Rosario

-19:30 h. Santa Misa

"El amor del Señor no tiene límites.

Que no lo tenga tampoco el nuestro."

 

juan de la cruz14 de diciembre: San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia

TRIDUO: 12, 13 Y 14 de diciembre

-19h.- Sto. Rosario y ejercicio del Triduo

-19:30h.– Sta. Misa predicada

"Pon amor donde no hay amor y sacarás amor"

 

 

Oración a la Santísima Trinidad compuesta por la Beata Carmelita Isabel de la Trinidad:

"¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí, para instalarme en Ti, inmóvil y serena, como sí mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, mi Dios inmutable, sino que cada momento me sumerja más adentro en la profundidad de tu Misterio. Pacifica mi alma, haz en ella tu cielo, tu morada más querida y el lugar de tu descanso. Que nunca te deje solo allí, sino que esté por entero allí contigo, bien alerta en mi fe, en total adoración y completamente entregada a tu Acción creadora.

 

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria; quisiera amarte... hasta morir de amor. Pero conozco mi impotencia, y te pido que me «revistas de ti mismo», que identifiques mi alma con todos los sentimientos de tu alma, que me sumerjas en Ti, que me invadas, que ocupes Tú mi lugar, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándote, quiero ser toda oídos a tu enseñanza para aprenderlo todo de Ti. Y luego, en medio de todas las noches, de todos los vacíos y de toda mi ineptitud, quiero vivir con los ojos clavados en Ti sin apartarme nunca de tu inmensa luz.

¡Oh mi Astro querido! Fascíname de tal manera, que ya nunca  pueda salirme de tu radiación.

¡Oh Fuego devorador, Espíritu de Amor! «Ven a mí» para que se produzca en mi alma una especie de encarnación del Verbo: que yo sea para El una humanidad de recambio en la que El pueda renovar todo su misterio.

Y Tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre esta pobre criaturita tuya, «cúbrela con tu sombra», y no veas en ella más que a tu «Hijo predilecto, en quien has puesto todas tus complacencias».

¡Oh mis Tres, mi Todo, mi eterna Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Ti como víctima. Abísmate en mí para que yo me abisme en Ti, hasta que vaya a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas."

1aComTeresitaFinamente llegó el más hermoso de los días. ¡Qué inefables recuerdos han dejado en mi alma hasta los más pequeños detalles de esta jornada de cielo...! El gozoso despertar de la aurora, los besos respetuosos y tiernos de las profesoras y de las compañeras mayores... La gran sala repleta de copos de nieve, con los que nos iban vistiendo a las niñas una tras otra. Y sobre todo, la entrada en la capilla y el precioso canto matinal «¡Oh altar sagrado, que rodean los ángeles!»

Pero no quiero entrar en detalles. Hay cosas que si se exponen al aire pierden su perfume, y hay sentimientos del alma que no pueden traducirse al lenguaje de la tierra sin que pierdan su sentido íntimo y celestial. Son como aquella «piedra blanca que se dará al vencedor, en la que hay escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que la recibe».

 

¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma...! Fue un beso de amor. Me sentía amada, y decía a mi vez: «Te amo y me entrego a ti para siempre».

No hubo preguntas, ni luchas, ni sacrificios. Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey. ¿No le había pedido Teresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!

Su alegría era demasiado grande y demasiado profunda para poder contenerla. Pronto la inundaron lágrimas deliciosas, con gran asombro de sus compañeras, que más tarde comentaban entre ellas: «-¿Por qué lloraba? ¿Habría algo que la atormentaba? -No, sería porque no tenía a su madre a su lado, o a su hermana la carmelita a la que tanto quiere». No comprendían que cuando toda la alegría del cielo baja a un corazón, este corazón desterrado no puede soportarlo sin deshacerse en lágrimas... No, el día de mi primera comunión, no me entristecía la ausencia de mamá: ¿no estaba el cielo dentro de mi alma, y no ocupaba en él un lugar mi mamá desde hacía mucho tiempo? Entonces, al recibir la visita de Jesús, recibía también la de mi madre querida, que me bendecía y se alegraba de mi felicidad...

Y no lloraba tampoco la ausencia de Paulina. Qué duda cabe que me habría encantado verla a mi lado, pero hacía mucho tiempo que había aceptado ese sacrificio. Aquel día, sólo la alegría llenaba mi corazón; y yo me unía a mi Paulina, que se estaba entregando de manera irrevocable a Quien tan amorosamente se entregaba a mí...

Por la tarde, fui yo la encargada de pronunciar el acto de consagración a la Santísima Virgen. Era justo que yo, que había sido privada tan joven de la madre de la tierra, hablase en nombre de mis compañeras a mi Madre del cielo. Puse toda mi alma al hablarle y al consagrarme a ella, como una niña que se arroja en los brazos de su Madre y le pide que vele por ella. Y creo que la Santísima Virgen debió de mirar a su florecita y sonreírle. ¿No la había curado ella con su sonrisa visible...? ¿No había ella depositado en el cáliz de su florecita a su Jesús, la Flor de los campos y el Lirio de los valles...?

Fue la Primera Comunión el 19 de abril de 1891 en la iglesia de San Miguel, lo que más influyó en ella. Desde aquel día "nada de rabietas" afirmaba su madre. Al salir de la iglesia, al término de la ceremonia, le dijo a su amiga y confidente María Luisa Hallo: "No tengo hambre, Jesús me ha alimentado..." (Ibd.). Podemos adivinar la intensidad de este primer encuentro con el Cuerpo de Cristo a través de una poesía que escribió 7 años más tarde en que dice "En el aniversario de aquel día, que Jesús fue morada el alma mía, y de Dios posesionó mi corazón. De modo que a partir de aquella hora, después de ese coloquio misterioso, de aquella conversación divina, silenciosa, solo aspiraba a darle yo, a devolverle algo de su gran Amor, al Amado Esposo de la Eucaristía, que moraba  en mi débil corazón, llenándolo de todos sus tesoros" (P 47).

CIRENEOPresentamos algunos textos de Santa Teresa Benedicta de la Santa Cruz, conocida popularmente por Santa Edith Stein, sobre el sentido de la Cruz en la vida cristiana: "El peso de la Cruz, que Cristo ha cargado, es la corrupción de la naturaleza humana con todas sus consecuencias de pecado y sufrimiento, con las cuales es castigada la humanidad caída. Sustraer del mundo esa carga, ése es el sentido último de la via crucis... La totalidad de las culpas humanas, desde la primera caída hasta el día del juicio, tiene que ser borrada por una expiación equivalente. La via crucis es esta reparación. Las tres caídas de Cristo bajo el peso de la Cruz corresponden a la triple caída de la humanidad: el pecado original, el rechazo del Redentor por su pueblo elegido, la apostasía de aquellos que llevan el nombre de cristianos."

Explica cómo nos asociamos a Cristo en el cargar la Cruz: "El Salvador no está solo en el camino de la Cruz y no son sólo los enemigos los que le acosan, sino también hombres que le apoyan: como modelo de los seguidores de la cruz de todos los tiempos tenemos a la Madre de Dios; como tipo de aquellos que asumen el peso del sufrimiento impuesto y soportándolo reciben su bendición, tenemos a Simón de Cirene; como representantes de aquellos que aman y se sienten impulsados a servir al Señor está Verónica... es Cristo-Cabeza quien expía el pecado en estos miembros de su cuerpo místico que se ponen a disposición de su obra de redención en cuerpo y alma...

Los justos de la Antigua Alianza le acompañan en el camino entre la primera y la segunda caída. Los discípulos y discípulas que se reunieron en torno a él durante su vida terrena son los que le ayudan en el segundo tramos. Los amantes de la Cruz, que él suscitó y que nuevamente y siempre suscita en la historia cambiante de la Iglesia militante, son sus aliados en el último tramo. Para ello hemos sido llamados también nosotros"

Por último, distingue el sentido propio de la expiación cristiana, que no busca el dolor por el dolor, sino que es participación en el Misterio de Cristo, y señala la paradoja de ese gozar en medio del sufrimiento por amor a Cristo: "La expiación voluntaria es lo que nos une más profundamente y de un modo real y auténtico con el Señor... la expiación une más íntimamente con Cristo, al igual que una comunidad se siente más íntimamente unida cuando realizan juntos un trabajo, o al igual que los miembros de un cuerpo se unifican cada vez más en el juego orgánico de sus funciones...

Ayudar a Cristo a cargar con la Cruz proporciona una alegría fuerte y pura...

El sufrimiento humano recibe fuerza expiatoria sólo si está unido al sufrimiento de la cabeza divina. Sufrir y ser felices en el sufrimiento, estar en la tierra y, con todo, reinar con Cristo a la derecha del Padre; con los hijos de este mundo reír y llorar y con los coros de los ángeles cantar ininterrumpidamente alabanzas a Dios: ésta es la vida del cristiano hasta el día en que rompa el alba de la eternidad."