«Jesucristo, único cimiento de la Iglesia» (cf. 1 Co 3, 11)

Del 18 al 25 de enero se celebra en muchas partes del mundo la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que en otros lugares se celebra en Pentecostés.

Este año, la frase elegida para la Semana de oración es: «¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1, 13).

Chiara Lubich solía comentar cada vez el versículo bíblico. Para mantener su aportación, proponemos un texto suyo de enero de 2005 que comenta el pasaje «Jesucristo, único cimiento de la Iglesia» (cf. 1 Co 3, 11) y que puede ser de ayuda para profundizar en la frase que se nos propone este año.

«Jesucristo, único cimiento de la Iglesia»

Era el año 50 cuando Pablo llegó a Corinto, la gran ciudad de Grecia famosa por su importante puerto comercial y animada por sus múltiples corrientes de pensamiento. Durante 18 meses el apóstol anunció allí el Evangelio y sentó las bases de una floreciente comunidad cristiana. Después de él, otros continuaron la obra de evangelización. Pero los nuevos cristianos corrían el riesgo de apegarse a las personas que llevaban el mensaje de Cristo más que al propio Cristo. Y así nacían distintas facciones: «Yo soy de Pablo», decían unos; y otros, refiriéndose a su apóstol preferido: «Yo soy de Apolo», o bien: «Yo soy de Pedro».

Ante la división que turbaba a la comunidad, Pablo afirma con fuerza que los constructores de la Iglesia, comparándola con un edificio o un templo, pueden ser muchos, pero uno solo es el cimiento, la piedra viva: Cristo Jesús.

Sobre todo este mes, durante la «Semana de oración por la unidad de los cristianos», las Iglesias y Comunidades Eclesiales recuerdan juntas que Cristo es su único cimiento, y que sólo adhiriéndose a Él y viviendo su único Evangelio pueden encontrar la unidad plena y visible entre ellos.

«Jesucristo, único cimiento de la Iglesia».

Basar nuestra vida en Cristo significa ser un todo con Él, pensar como Él piensa, querer lo que Él quiere, vivir como Él vivió.

Pero ¿cómo basarnos, enraizarnos en Él? ¿Cómo convertirnos en un todo con Él? Poniendo en práctica el Evangelio.

Jesús es el Verbo, o sea, la Palabra de Dios encarnada. Y si Él es la Palabra que asumió la naturaleza humana, nosotros seremos verdaderos cristianos si somos hombres y mujeres que impregnan toda su vida de la Palabra de Dios.

Si vivimos sus palabras, es más, si sus palabras nos viven hasta hacer de nosotros «Palabras vivas», somos uno con Él, nos estrechamos a Él; ya no vive el yo o el nosotros, sino la Palabra en todos. Podemos pensar que viviendo así contribuiremos a que la unidad entre todos los cristianos se haga realidad.

Así como el cuerpo respira para vivir, el alma, para vivir, vive la Palabra de Dios.

Uno de los primeros frutos es que Jesús nace en nosotros y entre nosotros. Esto provoca un cambio de mentalidad: inyecta en el corazón de todos, sean éstos europeos, asiáticos, australianos, americanos o africanos, los mismos sentimientos de Cristo ante las circunstancias, las personas y la sociedad.[...]

Vivir la Palabra libera de condicionamientos humanos, infunde alegría, paz, sencillez, plenitud de vida, luz; al hacer que nos adhiramos a Cristo, nos transforma poco a poco en otros Él.

«Jesucristo, único cimiento de la Iglesia».

Pero hay una Palabra que resume todas las demás, y es amar: amar a Dios y al prójimo. Jesús resume en ella «toda la Ley y los Profetas» (Mt 22, 40).

Lo cierto es que cada Palabra, aunque expresada en términos humanos distintos, es Palabra de Dios; pero como Dios es Amor, cada Palabra es caridad.

Entonces, ¿cómo vivir este mes? ¿Cómo estrecharnos a Cristo, «único cimiento de la Iglesia»? Amando como Él nos enseñó.

«Ama y haz lo que quieras»[1], dijo san Agustín, casi sintetizando la norma de vida evangélica, porque amando no te equivocarás, sino que cumplirás de lleno la voluntad de Dios.

Chiara Lubich

CHIARACon motivo de estos días de oración por la unidad de los cristianos, incluimos varias reflexiones de Chiara Lubich en torno a la unidad y el ecumenismo.

-"El tiempo presente le exige a cada uno de nosotros amor, unidad, comunión, solidaridad. Y llama también a las Iglesias a recomponer la unidad lacerada desde hace siglos... Es el primer paso, necesario, hacia la fraternidad universal con todos los hombres y las mujeres del mundo".

-24 de mayo de 1961 Chiara anotó en su diario: "La voluntad de Dios es el amor recíproco. Por lo tanto para suturar esta ruptura es necesario amarnos".

-"Habiendo puesto, en la base de nuestra vida, la mutua, radical y continua caridad, Jesús está así presente en medio nuestro para llevarnos a decir con san Pablo: '¿Quién nos separará del amor de Cristo?' (Rm 8, 35). 'Nadie podrá separarnos' porque es Cristo quien nos une".

 

 

-La espiritualidad de la unidad, vivida en lo cotidiano, hace por lo tanto caer los prejuicios de siglos, y suscita un "diálogo de la vida". Como ha dicho Chiara Lubich al Consejo Mundial de Iglesias: "por ello nosotros nos sentimos ya en familia; sentimos que componemos entre nosotros, de distintas Iglesias, un pueblo cristiano que involucra no sólo a laicos, sino también a sacerdotes, pastores, obispos, aun si todavía se ha de componer la plena y visible comunión entre nuestras Iglesias. No es un diálogo que se contrapone o se yuxtapone al de las llamadas cumbres o responsables de las Iglesias, sino un diálogo en el que los cristianos pueden participar. Es como levadura que reaviva entre todos el sentido que -siendo cristianos y bautizados, con la posibilidad de amarnos- todos podemos contribuir a la realización del Testamento de Jesús: «Que todos sean uno».

-Pero como sabemos, tender a la unidad no es fácil. Para realizar las palabras «Que todos sean uno» (cf. Juan17,21), Jesús en la cruz con su grito «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27,46) revela su amor ilimitado hacia todos, y nos indica el camino de la unidad para revivirlo, para imitarlo. Gracias a Jesús abandonado, reconocido y acogido en cada dolor y desunidad como nuestro único bien (Salmo16,2) la unidad no es más una utopía.

-A pesar de la falta de la comunión plena entre las Iglesias, advertí que entre estas personas -anglicanos, católicos, metodistas, bautistas, miembros de las Iglesias libres- lo que nos unía era más fuerte que las diferencias. Éramos un corazón solo y un alma sola por el Evangelio de la unidad que vivimos juntos, una porción de cristiandad viva. Conociéndonos y viviendo la misma espiritualidad, teniendo a Jesús y su luz entre nosotros, se valoraba al máximo el hecho de ser todos miembros del Cuerpo místico de Cristo por el común bautismo.

En un refugio antiaéreo, abrimos por casualidad el Evangelio en la página del Testamento de Jesús; "que todos sean uno, Padre, como tú y yo".

Aquellas palabras parecían iluminarse una a una. Aquel "todos" habría sido nuestro horizonte. Aquel proyecto de unidad la razón de nuestra vida

Chiara Lubich - Trento, 1944

Precisamente en los tiempos en los que Europa vivió los años más oscuros de su historia, por la violencia y el odio de la segunda guerra mundial (1943), en una pequeña ciudad del norte de Italia (Trento), Chiara Lubich junto con algunas otras chicas, bajo los bombardeos que destruyen todas las cosas, descubren un  único ideal que no muere, que ninguna bomba puede derrumbar, un ideal al cual poder entregarse: Dios. Dios, experimentado como Amor.

Durante ese tiempo, sólo llevan a los refugios el Evangelio. Allí encuentran "cómo" responder al Amor, allí están escritas las claves para vivir concretamente este amor al Padre, cada palabra es nueva, se sienten impulsadas a hacer vida el mensaje de Jesús. En aquel período Chiara escribe: "Cada día hay nuevos descubrimientos: el Evangelio se convierte en nuestro único libro, única luz de vida".

Es un tiempo donde además experimentan la certeza de que el Evangelio, si se vive radicalmente, se puede reescribir en cada uno de nosotros, en nuestra propia vida. Es un relato actual, al alcance de todos: "Pedid y se os dará", "Amar hasta dar la vida", "Dad y se os dará",...

Entre aquellas palabras del Evangelio se les ilumina la última oración de Jesús al Padre: "Que todos sean uno". Este proyecto de Dios sobre la familia humana, se convierte en el programa de sus vidas: "Hagamos de la unidad entre nosotras el trampolín para ir donde la unidad no existe y crearla".

Hoy, los que compartimos y hemos elegido este ideal, queremos vivir estas palabras en nuestra vida, trabajar para la realización de un mundo unido y así hacer posible el testamento de Jesús: "Que todos sean uno" mediante nuestra única arma, el Amor concreto: el único capaz de cambiar el mundo.

Y este "que todos sean uno" empieza por crear lazos de unidad en nuestra vida personal de cada día, en las cosas cotidianas, con la gente que pasa a nuestro lado, en el estudio, trabajo, familia,... crear lazos entre nosotros los cristianos, en nuestra parroquia, ambiente,... y hacer ver a todos, que estamos llamados a la unidad. Hacer de toda la humanidad una familia, una verdadera familia.

Por eso el ideal de la unidad, solo tiene una meta: ser familia. En palabras de Chiara: "Si hoy tuviera que dejar esta Tierra y se me pidiese una última palabra que definiera nuestro Ideal, yo diría (...) "Sed una familia".

Aquí en la parroquia nos reuniremos una vez al mes un grupo de jóvenes para poder compartir, leer y vivir concretamente esa palabra o frase que el Evangelio nos propone. Nos veremos el segundo miércoles de cada mes a las 19.30 en los salones parroquiales. Te esperamos.