La Semana Santa es un tiempo de gracia que el Señor nos da para abrir las puertas de nuestros corazones, de nuestra vida, de nuestras parroquias- ¡qué pena tantas parroquias cerradas! - de los movimientos, de las asociaciones, y "salir" al encuentro de los demás, acercarnos nosotros para llevar la luz y la alegría de nuestra fe ¡Salir siempre! Y hacer esto con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero que es Dios quien los guía y hace fecundas todas nuestras acciones.

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Presentamos las ideas del Cardenal Bergoglio expuestas en la Congregaciones Generales antes del pasado Conclave donde fue elegido como Sucesor de Pedro. Han sido transcritas a través del Cardenal Cubano Jaime Ortega, quien recibió el manuscrito y la autorización del Papa Francisco:

Se hizo referencia a la evangelización. Es la razón de ser de la Iglesia. – "La dulce y confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI). – Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa.

1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.

 

2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar... Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.

3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.

4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de "la dulce y confortadora alegría de la evangelizar"

padrebergoglioEntrevista al padre Guillermo Ortiz SJ, alumno de Bergoglio en el Colegio Máximo

 

¿Cuándo conoció al padre Bergoglio?

--Padre Guillermo: Yo le conocí cuando era provincial de los jesuitas argentinos. La compañía se divide en provincias que en muchos casos coinciden con los países, ahora la provincia es argentina-uruguaya. En aquel momento era sólo argentina. En julio del año 1977, él estaba en Buenos Aires y viajó a Córdoba como provincial. Yo lo vi para pedirle que quería entrar en la Compañía de Jesús; cuando uno quiere ser jesuita tiene que dirigirse al provincial. Ahí lo conocí, una persona muy afable, una persona con la que se podía hablar perfectamente sin ninguna dificultad. Como a mi me faltaba todavía un año y medio para terminar los estudios, me dijo "si me repites esto mismo dentro de un tiempo ahí veremos porque en este tiempo pueden pasar muchas cosas". Me invitó a compartir la misa que el tenía que celebrar.

En enero del 79 entré en la Compañía de Jesús, era su último año como provincial. Algunas veces celebraba la misa en el noviciado, también presidía las celebraciones más importantes que teníamos que era cuando le veíamos. Y los domingos iba al recreo del noviciado que teníamos con la gente que ya estaba en el Máximo, los filósofos y teólogos.

¿Cómo recuerda al padre Bergoglio de aquellos años?

--Padre Guillermo: En diciembre del 79 él termina como provincial. El cargo de provincial dura 6 años y después se puede ir a una misión o tener cualquier destino. En su caso, al terminar como provincial empezó como rector y formador en el Colegio Máximo. Algo muy importante es que al mismo tiempo, en el año 80 designan parroquia a la capilla que había empezado a funcionar al final del Colegio Máximo. Eran unas 10 hectáreas, en aquel tiempo porque ahora ya no existe ese terreno. El frente del Colegio Máximo Universidad de Filosofía y Teología, donde también nosotros hacíamos Humanidades; en la parte de atrás había un galpón que se dedicaba a guardar el alimento para los animales. Cuando yo entré en el 79 me destinaron a trabajar en esos barrios pobres que dan a la parte de atrás del Máximo, donde daba este galpón que ya había empezado a funcionar como capilla. Poco a poco se fue convirtiendo en una iglesia y al poco tiempo, siendo él ya rector del Máximo, le nombran también párroco. Fue el primer párroco de esa iglesia, de una parroquia de los barrios obreros de San Miguel y unos 30.000 habitantes.

Para mi es muy importante haberle tenido como rector y formador, en ciertos tiempos como director espiritual también. Esto fue hasta el año 1984 que estuve en el Colegio Máximo. Por eso ha sido muy importante para mí la parte pastoral, lo que nosotros estamos viviendo ahora con esta invitación de Francisco a salir, ir al encuentro de la gente sin barreras, como lo vive él. El no ha venido con secretario, tampoco lo tenía allá.

Recuerdo una anécdota con un chico que yo conocía en Buenos Aires, un chico que había estado metido en la droga y que escuchaba el programa de radio en el que yo trabajaba allá, me vino a visitar y quedamos de vez en cuando para charlar. Pasó un tiempo en el que no le ví y un día nos encontramos por la calle y me dijo: "He estado con el cardenal Bergoglio". Me contó que una vez pasó por la Curia, porque era cartero, y le dejó una nota porque quería hablar con él. A los pocos días, estaba en su día de descanso y estaba durmiendo y su papá le dijo que tenía un llamado telefónico, pero él no tenía ganas de responder porque estaba en su día libre, pero su papá le dijo que era el cardenal Bergoglio. Ese día el mismo cardenal Bergoglio marca el número que este chico le había dejado y él habla directamente para preguntarle cuando quiere venir a la Curia.

En su opinión, ¿qué es lo que más caracteriza a Francisco?

--Padre Guillermo: El es así, una persona abierta y siempre ha tenido esto de la atención con el otro a partir de una profundo encuentro con el Señor, una persona muy espiritual, de mucha oración. Esto que está repitiendo ahora, lo que dijo en la Misa Crismal, esa invitación a salir de sí, esa idea de que el pastor tiene que tener olor a oveja. Es una cosa que lo hemos vivido siempre lo que hemos trabajado con él, con una atención muy particular a la gente. A nosotros nos envió como estudiantes a ir a buscar chicos para el catecismo y a visitar enfermos. Teníamos el sábado por la tarde y el domingo por la mañana para ir a visitar a la gente, aunque aún no fuéramos sacerdotes, pero nos invitaba a salir para conocer a la gente. Y era una preocupación no solamente religiosa sino social porque el fundó en ese tiempo un comedor para  niños donde iban muchos chicos, y en el tiempo en el que nosotros crecíamos en cantidad en el colegio Maximo, él se preocupó de conseguir algunas vacas, chanchos (cerdos), ovejas que con eso podíamos tener carne.

En ese tiempo no había becas como hubo después, entonces nosotros cuidábamos a los animales. Comíamos mucha verdura pero los chicos del comedor sí comían carne, para un argentino la carne es muy importante y él se preocupaba por eso.

También recuerdo que allí teníamos un lavarropas, donde dejábamos la ropa sucia y él lo preparaba con el jabón y nos avisaba cuando ya estaba lista para que la colgáramos. Mientras tanto nosotros estábamos estudiando. Él por la tarde pasaba para dar de comer a los cerdos. El hacía todo esto con naturalidad, no estaba separado el aspecto espiritual de las cosas cotidianas. Cuando nosotros el domingo volvíamos de las visitas a la gente, él era el que había preparado la comida.

Entrevista a Mario Peretti, sacerdote milanés afincado en Argentina desde 1993.

¿Qué ha aprendido de él en estos años?

Es un hombre de Dios. Ama a Cristo y a la Iglesia y se mueve a partir de esto, no desde posiciones sociológicas o políticas. Los periódicos que han intentado clasificarlo como "progresista" o "conservador" no lo han logrado. Es imposible.

¿Se esperaba los primeros gestos que ha hecho como Papa?

Sí. Es lo mismo que hacía aquí, no es una decisión en función del papel o de la necesidad de dar una vuelta de tuerca a la Iglesia. La humildad de gestos como pagar la cuenta personalmente o renunciar a la cruz de oro, y todo lo que estamos viendo en Roma, lo hemos visto continuamente en Buenos Aires. Así es él. No son sólo rasgos de su carácter, de su estilo de vida. Tiene que ver con su modo de vivir la fe. Inmediatamente hace esta petición a sus fieles: «Rezad por mí». No ha ocurrido sólo una vez que alguno fuera a verle y que el diálogo terminara con la misma petición: «Reza por mí. Te lo digo en serio, porque realmente lo necesito». También el reclamo a la misericordia es una constante en él. Igual que a la pobreza, lo cual permite entender qué es lo que lleva en el corazón.

¿Por qué?

No es que Bergoglio ame la pobreza: ama a Cristo y por eso no necesita nada. Es una posición de fe, no de pauperismo. Y de hecho la vive sencillamente, sin ostentaciones, sin hacer de ella una bandera ideológica. Nunca le he oído polemizar contra la "Iglesia rica". Para él es una cuestión de plenitud de vida. En el Arzobispado tenía un despacho grande, como el de un párroco, con dos sillas para las visitas y una para él. A la salida de las grandes celebraciones, ya lo sabe todo el mundo, te lo podías encontrar en el metro. Tiene 76 años. A los 75 presentó su dimisión, como es habitual. Benedicto XVI la rechazó. Pero aquí se dice que Bergoglio ya había comentado que pensaba, una vez terminada su tarea como obispo, irse a vivir a una casa de reposo para sacerdotes mayores...

¿Cómo era la relación con «sus» sacerdotes?

De disponibilidad total. Y en la medida de lo posible, sin intermediarios. Le llamabas, y si no podía responder se ponía en contacto contigo inmediatamente después. No le gustaban mucho las cuestiones burocráticas: una vez me dijo que «mejor hacer las cosas y luego pedir perdón, antes que pedir primero permiso a la burocracia y perder tiempo...». Aquí no hay muchos sacerdotes. Sólo uno por parroquia. Pero él, en las llamadas villas miseria, las favelas de aquí, constituyó parroquias a las que envió tres o cuatro juntos, para sostenerse mutuamente. Apostó por estar presente entre los más desfavorecidos, entre los más pobres. Allí nacieron historias como la del padre Pepe, que tuvo que irse durante dos años porque estaba amenazado por los narcos: Bergoglio le defendió personalmente. En resumen, mucha vida y nada de ideología. Aquí, en Buenos Aires, entre los sacerdotes no existe polémica alguna entre progresistas y conservadores. Los sacerdotes, en general, están enamorados de Cristo y son misioneros de la fe. Y punto.

Lo describe como alguien que escucha a todos, pero que decide en soledad. ¿Es así, al menos por lo que usted conoce?

No es acaparador. Pregunta, pide opinión, se confronta. Pero quizá tiene cierta preferencia por los sencillos. Escucha mucho a los párrocos, más que a los intelectuales o superteólogos. Piensa que hay que reconquistar la simpatía hacia la Iglesia mostrando una sencillez y una paternidad, más que haciendo grandes discursos.

¿En qué cuestiones insistirá más?

En la fe en Jesús. Y en una sencillez de vida que reclame sólo a eso, sin muchos corolarios. A mí, por ejemplo, me ha llamado mucho la atención el reclamo continuo que ha hecho a su papel como obispo de Roma: quiere decir muchas cosas, pero también que quiere guiar a la Iglesia viviendo en un punto preciso, partiendo de una presencia concreta, no "gestionando problemas". Y luego hay otro reclamo permanente: «La Iglesia es el pastor y el pueblo, los dos juntos». Debemos construirla juntos.

larrañagaEn nuestra parroquia se está desarrollando durante estos meses un taller de oración. De ahí, que expliquemos su significado:

Son un servicio para aprender y profundizar en el arte de orar. Este aprendizaje tiene un carácter eminentemente experimental, como un taller: orando se aprende a orar.

Se aprende a entrar en la relación personal con el Señor, con variadas modalidades, desde los primeros pasos hasta las alturas de la contemplación.

Orar, además de gracia, en cuanto actividad humana es también arte, por eso la organización del Taller contiene y ofrece una pedagogía progresiva, un carácter metódico y mucha disciplina.

 

Otros grupos de oración en la parroquia

Además, existen otras realidades en nuestra parroquia que desde carismas y caminos distintos ayudan en ese arte de la oración:

-Stella Maris: grupo de oración carismática, que se reúne todos los viernes por la tarde,

-Focolares: grupo de jóvenes que comparten y viven la Palabra de Vida, que se reúnen los segundos miércoles de mes por la tarde,

-Hora Santa: la oración guiada ante el Santísimo todos los Jueves,

-Caritas: grupo de oración que se reúne los jueves en la capilla de la comunión,

-Carmelo Seglar y Carmelo Joven: realidades vinculadas al Carmelo que viven la oración en ese carisma,

-Existen aún más grupos –algunos centrados más en la formación y evangelización– aunque también buscar adentrarse en la tarea de la oración como la Acción Católica, los jóvenes y niños de los Juniors, etc.

Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. Cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas más o menos importantes. Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, de nuestra historia.

CARDENAQPresentamos un texto sobre la persona del Cardenal Bergoglio, de Jorge Rouillon, Abogado y licenciado en periodismo, que recuerda un Jueves Santo con él: 

Viene a mi memoria un sucedido de 1999. Hacía apenas un año que era arzobispo de Buenos Aires.

La puerta descascarada de la cárcel de Villa Devoto se abrió y un sacerdot de clergyman negro salió solo, con su portafolio, a la calle oscura. Era casi de noche, un Jueves Santo, e iba a tomar un ómnibus, el 109, para volver a su casa, en el centro de Buenos Aires. Salía de la cárcel donde había celebrado la misa para los internos y lavado los pies a doce de ellos. Había estado dos horas y media allí, conversando con los detenidos antes y después del oficio religioso.

 

En la vereda de esa calle desolada, al lado del enorme paredón de la cárcel, pude dialogar brevemente con él. "Quería que sintieran que la feligresía de Buenos Aires y Jesús estaban con ellos", comentó el sacerdote. Era el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, por entonces monseñor, dos años antes de ser hecho cardenal.

Cuando se iba, lo invité a volverse al centro en el auto del diario en el que yo había ido con un chofer. Agradeció pero dijo que se volvía en el ómnibus que pasaba por la esquina. Tuve que insistirle varias veces, diciéndole que íbamos para el mismo lado, hasta que finalmente aceptó subir.

Antes, en la vereda, deslizó en tono calmo, casi en voz baja: "Jesús en el Evangelio nos dice que en el día del Juicio vamos a tener que rendir cuentas de nuestro comportamiento: tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; estuve enfermo y me visitaste; estuve en la cárcel y me viniste a ver". Y señaló que "el mandato de Jesús nos obliga a todos y de una manera especial, al obispo, que es el padre de todos".

"Algunos podrán decir: son culpables -agregó Bergoglio-. Yo les respondo con la palabra de Jesús: el que no es culpable, que tire la primera piedra. Que cada uno de nosotros nos miremos en el corazón y descubramos nuestras culpas. Entonces, el corazón se nos hace más humano".

No hablamos demasiado en el viaje de vuelta con ese arzobispo poco dado a las entrevistas. Cosas normales, del momento. Al volver, pasamos cerca de un gran shopping e hizo un comentario al pasar sobre "los nuevos templos del consumismo".

No quiso que nos desviáramos unas pocas cuadras para dejarlo en la puerta de su casa. Se bajó en la calle peatonal Florida y se perdió entre la gente. Prefería ir caminando varias cuadras hasta la Curia aprovechando para meditar la tercera parte de los quince misterios del Rosario que reza todos los días. Luego iba a recorrer solo, a la noche, siete iglesias para adorar a Jesús Sacramentado, una costumbre que muchos católicos viven en la noche del Jueves Santo. Como cualquier otro fiel, el arzobispo iba a recorrer las iglesias sin que nadie lo esperara especialmente.

Al bajarse del auto me dijo: "Usted logró lo que no logró ningún periodista: tenerme apresado durante 40 minutos. Generalmente, yo les escapo". Seguramente no imaginaba entonces que unos años después iba a mantener una reunión, franca y amable, con unos 6.000 periodistas en Roma, a los que hablaría con soltura poco antes de otra Semana Santa.

Aquella noche, al despedirse, nos deseó, al cronista y al chofer: "¡Felices Pascuas!".

Escudo Papa Francisco1.-Escucha. ¿De dónde nace el gesto de María de ir a su pariente Isabel? De una palabra del ángel de Dios: "También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez"... (Lc. 1,36). María sabe escuchar Dios. Atención: no es un simple "oír" superficial, sino es "la escucha", acto de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios. No es el modo distraído con el cual nosotros nos ponemos delante del Señor o ante los otros: oímos las palabras, pero no escuchamos realmente. María está atenta a Dios, escucha a Dios.

Pero María escucha también los hechos, es decir lee los acontecimientos de su vida, está atenta a la realidad concreta y no se para en la superficie, sino que va a lo profundo, para captar el significado. La pariente Isabel, que es ya anciana, espera un hijo: éste es el hecho. Pero María está atenta al significado, lo sabe comprender: "porque no hay nada imposible para Dios"(Lc. 1,37).

Esto también vale en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida.

2. Decisión. María no vive "de prisa", con preocupación, sino, como subraya san Lucas, " María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón" (cfr. Lc 2,19.51). Y también en el momento decisivo de la anunciación del ángel, Ella pregunta: "¿Cómo sucederá esto?" (Lc 1,34). Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión; da un paso adelante: decide. No vive de prisa, sino sólo cuando es necesario "va sin demora". María no se deja llevar por los acontecimientos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede sea en la elección fundamental que cambiará su vida: María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho" (Cfr. Lc 1,38), sea en las decisiones más cotidianas, pero ricas también ellas de sentido. Me viene en mente el episodio de la bodas de Caná (cfr. Jn 2,1-11): aquí también se ve el realismo, la humanidad, lo concreto de María, que está atenta a los hechos, a los problemas; ve y comprende la dificultad de aquellos dos jóvenes esposos a los que viene a faltar el vino de la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga: "Ya no tienen vino" (cfr. v. 3).

En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a posponerlas, a dejar que otros decidan en nuestro lugar, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los acontecimientos, seguir la moda del momento; a veces sabemos lo que tenemos que hacer, pero no tenemos el coraje o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente. María en la anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná va contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y busca comprender la realidad, y decide confiarse totalmente en Dios, decide visitar, aun estando embarazada, a la anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia, para salvar la alegría de la boda.

3. Acción. María salió de viaje y "fue sin demora"(cfr Lc 1,39). El domingo pasado subrayé este modo de hacer de María: a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada. Y aquí parte "sin demora". En la oración, delante de Dios que habla, en reflexionar y meditar sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja tomar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora". San Ambrosio comenta: "la gracia del Espíritu Santo no comporta lentitudes" (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: PL 15,1560). El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo.

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar.

Escucha, decisión, acción.

María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén". (Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticano)

Décadas después de que el Beato Juan XXIII determinara que el nombre de San José fuese incluido en el venerable Canon Romano, el Santo Padre Francisco, a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha decidido que San José sea invocado también en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV.

 

El decreto Paternas Vices (prot. N. 215/11/L), firmado por el Cardenal Prefecto Antonio Cañizares y el Arzobispo Secretario Arthur Roche, manifiesta así la decisión del Papa Benedicto XVI de acoger las numerosas peticiones recibidas desde muchos lugares en este sentido, una decisión confirmada por su sucesor, el Papa Francisco.

De este modo, en la tercera edición típica del Misal Romano deberá decir, respectivamente:

II: "ut cum beáta Dei Genetríce Vírgine María, beáto Ioseph, eius Sponso, beátis Apóstolis"

III: "cum beatissíma Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis"

IV: "cum beáta Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis"

Y en español:

II: "con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y..."

III: "con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires..."

IV: "con María, la Vigen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos..."

papafrancisco"Ustedes ahora aplauden porque es tiempo de bodas, pero cuando termine la luna de miel ¿qué sucederá?". Recordó que un seminarista decía "quiero servir a Cristo por diez años" y después iniciar otra vida.

"También nosotros estamos bajo la presión de la cultura del provisorio", recordó, me caso mientras dure el amor, soy monja o religioso pero no se que pasará. "Esto no va con Jesús" reiteró. Reconoció que "una elección definitiva hoy es más difícil que en mis tiempos! Porque "somos víctimas de una cultura de lo provisorio", e invitó a reflexionaran sobre como "no aceptar esta cultura".

Y sobre el tema recordó una poesía en español: "Esta tarde Señora la promesa es sincera, pero por las dudas no te olvides las llaves afuera". Y alertó que "si uno deja siempre la llave afuera no va, tenemos que aprender a cerrar la puerta desde adentro". Y recomendó que si no estoy seguro me tomo un tiempo y comunicando con Jesús, "cuando me siento seguro cierro la puerta".

 

La alegría

Comentando la alegría que se encontraba en la sala se preguntó: ¿La alegría de un seminarista nace de haber ido a bailar el fin de semana con los amigos? O se centra en el tener, por ejemplo en tener el último modelo de smart phone, o el escooter más rápido. El auto que se hace notar, "les digo verdaderamente, a mi me hace mal cuando veo a un cura o una monja con un auto último modelo. ¡No se puede!. El auto es necesario, pero uno más humilde "y si te gusta un auto lindo "piensa solamente a cuantos niños en el mundo mueren de hambre".

Precisó que la verdadera alegría no viene del tener, pero del encuentro de las relaciones con los otros, del sentirse amados y comprendidos. Porque la alegría nace de la gratuidad de un encuentro. La alegría "del encuentro con Jesús" y de "sentirse amados por Dios".

"Cuando uno se encuentra --prosiguió el santo padre-- con un seminarista o una novicia demasiado triste uno piensa algo aquí no funciona, porque falta la alegría del Señor, que lleva el servicio, del encuentro de Jesús que te lleva a encontrarse con los otros" y mencionó el dicho de santa Teresa "Un santo triste es un triste santo". E invitó a no ser de esos "con cara de pepinos en vinagre".

Fecundidad pastoral y celibato

El papa indicó: "Un cura o monja sin alegría es triste" e indicó un problema de insatisfacción. Profundizó que es un problema de celibato, porque los religiosos tienen que castos y al mismo tiempo fecundos, porque tienen que ser padres o madres de la propia comunidad.

Coherencia y autenticidad

El santo padre subrayó además la importancia de la coherencia y autenticidad, recordó como Jesús apaleaba a los hipócritas y la doble faz. "Si queremos jóvenes coherentes seamos nosotros coherentes" dijo.Hacer como san Francisco, recordó el santo padre, porque él invitaba a enseñar el evangelio, también con la palabra. O sea principalmente con la autenticidad de vida.

Pobreza

"En este mundo en que la riqueza hace tanto mal es necesario que nosotros seamos coherentes con nuestra pobreza". Cuando se ve que una institución o una parroquia piensa primero al dinero, no hace bien, es una incoherencia. Porque "es en nuestra vida que los otros tienen que leer el evangelio".

Transparencia con el confesor

Y el papa preguntó ¿hay aquí en el aula alguien que no haya nunca pecado? E invitó a tener transparencia con el confesor "y no tengan miedo de decir, padre he pecado". Porque "Jesús sabe la verdad y te perdona siempre pero quiere que le digas lo que Él ya sabe". Qué triste, constató, "cuando un sacerdote o monja peregrina en los confesionarios para esconder su verdad".

Preparación en diversas dimensiones de la vida

El pontífice invitó a prepararse culturalmente "para dar razón sobre la fe y la esperanza". El contexto en el que vivimos "nos pide dar las razones, no dar nada por descontado", dijo.

Vida comunitaria

Una preparación que una las diversas dimensiones de la vida, en particular la "vida espiritual, intelectual, apostólica, la vida comunitaria". Y precisó: "Es mejor el peor seminario que ningún seminario, porque es necesario la vida comunitaria".

No hablar mal de los otros

Recordó también las relaciones de amistad y fraternidad y del daño de los 'chismes' en una comunidad. Y esto en nuestro mundo clerical y religioso es común. También yo caí en eso, tantas veces y me avergüenzo de esto, no está bien, el ¿has oído? Es un infierno eso en una comunidad. Si tengo un problema con alguien se lo digo de frente y no por detrás.

Una vez una monja me dijo que había hecho la promesa al Señor de nunca hablar mal de los otros. Y si hay que decirlo hacerlo al superior. Nunca a quien no puede ayudar. Fraternidad.

Advirtió además del peligro de dos extremos: "sea el aislamiento que la disipación " y que la verdadera amistad evita esto.

Dos dimensiones: trascendencia y el prójimo

"Salgan ustedes para predicar el evangelio y para encontrar a Jesús" dijo. Una salida es la trascendencia y la otra es hacia los demás para anunciar a Jesús. Una sola no va.

Y recordó a madre Teresa de Calcunta que "no tenía miedo de nada", porque esa monja se arrodillaba dos horas delante del Señor".

Una Iglesia más misionera

Querría una iglesia más misionera y menos tranquila. Y recordó su emoción al saludar a religosos que están en lugares de evangelización. Den la contribución a una Iglesia fiel al camino de Jesús. No aprendan de nosotros, ese deporte que los viejos practicamos muchas veces, el del lamento, el culto de la diosa lamentación.

Y dio algunos consejos finales: Sean capaces de encontrar a las personas más desaventajadas; no tengan miedo de ir contra corriente; recen el rosario; tengan a la Virgen con ustedes en vuestra casa como el apóstol san Juan y recen también por mi, que soy un pobre pecador pero vamos adelante. Y concluyó invitando a no ser "ni solterones ni solteronas" sino a tener fecundidad apostólica