bergogliobvxiHay una fábula que gustaba repetir al Cardenal Bergoglio con motivo de la Cuaresma. A continuación, presentamos el texto y algunas preguntas del entonces arzobispo de Buenos Aires:

"Dice que unos chicos estaban subiendo una montaña y encontraron un huevo de águila y se lo llevaron a la casa. Cuando bajaron vieron que en el gallinero de la casa había una pava que estaba incubando y entonces le metieron el huevo de águila debajo de la pava con los huevos que ella tenía de sus futuros chicos. Y bueno, nacieron los pichoncitos todos iguales pero a medida que crecían se fueron diferenciando. Hasta que ya empezaron a tener cierta autonomía y los de la pava jugaban con el agua y el pichón de águila no lo sabía hacer pero estaba ahí, entre ellos; y cada vez que veía un águila volar sentía algo adentro que le tiraba arriba pero no podía... Estaba entre los pavos. Estaba en la pavada...

¿Tú cómo estás? Tú que tienes vocación de águila, de encuentro con Jesucristo... ¿para qué vives? ¿Para la mundanidad? ¿Para la apariencia? Pensémoslo todos, es un mensaje para todos... ¿Quieres volar al mensaje de Jesucristo, ya desde ahora viviendo en plenitud o quieres vivir la pavada, en la superficialidad?"

nacimientoEn el decreto del Papa Francisco para incorporar a San José en las Plegarias Eucarísiticas, se dice de él:

"En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondió generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia. "

bergoglioPresentamos algunas consideraciones del Cardenal Bergoglio sobre el valor único y trascendente del hombre, en relación a la crisis.

UNA ATROPOLOGÍA CRISTIANA: UNA ANTROPOLOGÍA DE LA TRASCENDENCIA.

La verdadera medida de lo que somos no se calcula solamente en relación con un orden dado por factores naturales, biológicos, ecológicos, hasta sociales; sino en el lazo misterioso que, sin liberarnos de nuestra solidaridad con la creación de la cual formamos parte, nos emparenta con el Creador para no ser simplemente "parte" del mundo sino "culminación" del mismo. La Creación "se trasciende" en el hombre, imagen y semejanza de Dios. Porque el hombre no es sólo Adán; es ante todo Cristo, en quien fueron creadas todas las cosas, primero en el designio divino.

ANTROPOLOGIA DE LA INTRASCENDENCIA

Con la misma vara con que se mide cualquier objeto, se puede medir a una persona. Se calculan "gastos", "daños colaterales", "costos"... que solamente empiezan a "trascender" en las decisiones cuando los números abultan; demasiados desocupados, demasiados muertos, demasiados pobres, demasiados desescolarizados.

NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO

"No se puede servir a Dios y al dinero". No se trata sólo de una cuestión de ascesis personal, de un ítem junto a otros para el examen de conciencia. El dinero es la "medida universal de todas las cosas" en el mundo moderno. Todo tiene un precio. El valor intrínseco de cada cosa se uniforma en un signo numérico. ¿Recuerdan que hace ya varios años se decía que desde el punto de vista económico era lo mismo producir tanques o caramelos, mientras los números fueran iguales? Del mismo modo, sería lo mismo vender drogas o libros, si los números cierra. Si la medida del valor es un número, todo da lo mismo mientras el número no varíe. La medida de cada ser humano es Dios, no el dinero. Eso es lo que quiere decir "dignidad trascendetne". Las personas no se pueden "contar" ni contabilizar". No hay reducción posible de la persona a un denominador común (numérico o como se quiera) entre sí y con otras cosas del mundo.

Cada uno es único. Todos importan totalmente y singularmente. Todos nos deben importar.

EL MERCADO

No se trata de demonizar el Mercado como una cierta forma de organizar nuestros intercambios y pensar el mundo de la economía. Pero el problema es que la idea de "Mercado", casi en su origen, no alude a otra coas que a muchísima gente comprando y vendiendo. Todo lo que no sea comprar o vender, no forma parte de él. El problema

la foto 10La  V Semana de Cuaresma tiene el nombre de semana de Pasión. Estamos llegando a los preludios de la Semana Santa, que se iniciará con la liturgia del Domingo de Ramos. Esta semana nos introduce en la meditación de la Pasión del Señor.

VELAR LAS IMÁGENES

Es costumbre en algunas iglesias velar las imágenes –conservando una antigua prescripción– con la semana de Pasión, con el quinto domingo e Cuaresma. Las imágenes se desvelarán en dos momentos: primero, los Crucifijos en el Viernes Santo, y posteriormente, las demás imágenes para celebrar la Pascua.

Es costumbre el cubrir elementos en la liturgia: el viril con el paño de hombros, el Sagrario con el Conopeo. Son en estos casos, signos de presencia.

Pero el gesto de velación de las imagenes tiene que ver con una cita del Evangelio de San Juan que se proclama durante esta semana: "entorn es tomaron pedres para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo." Jn 8

Curiosamente, la liturgia del Viernes Santo, en el momento de la adoración prevé descubrir el Crucifijo. Es una forma de adentrarse con la mirada del corazón en la Pasión del Señor. Por eso, la Iglesia nos invitará por tres veces: "Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo"

El signo de velar las imágenes es una llamada al recogimiento, a ese silencio interior, que nos invita a buscar más intensamente el encuentro con el Señor; así explicaba el Beato Juan XXIII este gesto:

"Las prescripciones, que mandan velar las imágenes de Jesús Crucificado, de María y de los Santos durante las dos semanas que preparan la Pascua, son una invitación a un recogimiento íntimo y sagrado en las comunicaciones con el Señor por la oración, que debe ser meditación y súplica frecuente y viva. El Señor, la Virgen Bendita y los Santos esperan nuestras confidencias y es muy natural que éstas traten de lo que conviene mejor a las solicitudes de la Iglesia católica universal."

Así, la Iglesia nos invita a mirar no tanto al exterior, como al corazón, donde el Señor quiere manifestarse y hablarnos íntimamente.

20130324 120208 resizedDOMINGO DE RAMOS

La conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén nos introduce en la Semana Santa al preguntarnos sobre el Señor: ¿Qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más; tiene ese sentido de la fe, que dice: Éste es el Salvador. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero. Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que decía Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois príncipes, pero de un rey crucificado. Ese es el trono de Jesús. Jesús toma sobre sí... ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Papa Francisco

JUEVES SANTO

Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.

Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.

En la liturgia de la Misa de la Cena del Señor hay dos elementos singulares, que manifiestan la grandeza de la Sagrada Eucaristía: por un lado, el lavatorio de pies; y, por otro, la procesión y reserva del Santísimo Sacramento.

En su homilía del año pasado explicaba el Papa Francisco respecto al lavatorio de pies: " Él es el más importante y lava los pies porque, entre nosotros, el que está más en alto debe estar al servicio de los otros. Y esto es un símbolo, es un signo, ¿no? Lavar los pies es: «yo estoy a tu servicio». Y también nosotros, entre nosotros, no es que debamos lavarnos los pies todos los días los unos a los otros, pero entonces, ¿qué significa? Que debemos ayudarnos, los unos a los otros". Y, así, proponía una pregunta: «¿Estoy verdaderamente dispuesta o dispuesto a servir, a ayudar al otro?». Pensemos esto, solamente. Asímismo, veía este rito como una caricia divina: Y pensemos que este signo es una caricia de Jesús, que Él hace, porque Jesús ha venido precisamente para esto, para servir, para ayudarnos.

Respecto a la procesión y reserva, explicaba el entonces Cardenal Ratzinger: "La procesión del Jueves Santo es, por definición, escolta de la Sagrada Forma, caminar con el Señor que se entrega por nosotros".

Benedicto XVI nos explicaba el significado de la Reserva Eucarística de este día:

"Este día singular, que evoca grandes misterios, concluye con la Adoración eucarística, en recuerdo de la agonía del Señor en el huerto de Getsemaní."

CIRENEOVIERNES SANTO

Mirad el árbol de la Cruz,

donde estuvo clavada

la salvación del mundo.

El Viernes santo, que conmemora los acontecimientos que van desde la condena a muerte hasta la crucifixión de Cristo, es un día de penitencia, de ayuno, de oración, de participación en la pasión del Señor. La asamblea cristiana, en la hora establecida, vuelve a recorrer, con la ayuda de la palabra de Dios y de los gestos litúrgicos, la historia de la infidelidad humana al designio divino, que sin embargo precisamente así se realiza, y vuelve a escuchar la narración conmovedora de la dolorosa pasión del Señor.

Luego dirige al Padre celestial una larga "oración de los fieles", que abarca todas las necesidades de la Iglesia y del mundo. Seguidamente, la comunidad adora la cruz y recibe la Comunión eucarística, consumiendo las especies sagradas conservadas desde la misa in Coena Domini del día anterior. (...)

Benedicto XVI,Audiencia General, 4 de abril de 2007

Vivir la Semana Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es ante todo aquella del dolor y de la muerte, sino la del amor y del don de sí que trae vida. Es entrar en la lógica del Evangelio. Seguir, acompañar a Cristo, permanecer con Él exige un «salir». Salir de sí mismos, de un modo de vivir la fe cansado y rutinario, de la tentación de cerrarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el horizonte de la acción creativa de Dios. Dios salió de sí mismo para venir en medio de nosotros, puso su tienda entre nosotros para traernos su misericordia que salva y dona esperanza. También nosotros, si queremos seguirle y permanecer con Él, no debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos «salir», buscar con Él a la oveja perdida, aquella más alejada. Recordad bien: salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús y Jesús salió de sí mismo por todos nosotros. Papa Francisco

SÁBADO SANTO

El Sábado santo se caracteriza por un gran silencio. Las Iglesias están desnudas y no se celebran liturgias particulares. En este tiempo de espera y de esperanza, los creyentes son invitados a la oración, a la reflexión, a la conversión, también a través del sacramento de la reconciliación, para poder participar, íntimamente renovados, en la celebración de la Pascua. BENEDICTO XVI, 13 DE MARZO DE 2010

VIGILIA PASCUAL

La Vigilia pascual es la mayor de las celebraciones del año litúrgico, y como tal debe vivirse y presentarse a los fieles.

La Vigilia Pascual está estructurada por la liturgia de la luz (con la bendición del fuego y del cirio pascual), la liturgia de la Palabra (donde se hace memoria de los grandes momentos de la historia de la Salvación), la liturgia bautismal (con la bendición del agua y la renovación de las promesas bautismales) y la liturgia eucarística (culmen de la liturgia).

A partir de la Noche Santa la Iglesia vive y manifiesta, con unos signos más festivos y extraordinarios que habitualmente, como un anticipo de la vida futura y de aquella felicidad en la que cree y en la que espera compartir, ya sin velos ni figuras ni sombras, la VIDA DEL RESUCITADO.

Escudo Papa FranciscoUna idea recurrente en el pensamiento del Papa Francisco es la grandeza y valor de los ancianos. En el encuentro de la Renovación Carismática en el Estadio Olímpico de Roma decía:

"Decía a Salvador que tal vez falta alguno, tal vez los más importantes: faltan los abuelos. Faltan los ancianos, y ellos son la seguridad de nuestra fe, los «viejos». Mirad, cuando María y José llevaron a Jesús al Templo, había dos; y cuatro veces, si no cinco –no me acuerdo bien- el Evangelio dice que «fueron llevados por el Espíritu Santo». De María y José en cambio dicen que fueron llevados por la Ley. Los jóvenes deben cumplir la Ley, los ancianos –como el buen vino– tienen la libertad del Espíritu Santo. Y así este Simeón, que era valiente, inventó una «liturgia», y alababa a Dios, alababa... y era el Espíritu el que lo empujaba a hacer esto. ¡Los ancianos! Son nuestra sabiduría, son la sabiduría de la Iglesia; los ancianos que tantas veces nosotros descartamos, los abuelos, los ancianos... Y aquella abuelita, Ana, hizo algo extraordinario en la Iglesia: ¡canonizó las murmuraciones! ¿Y cómo lo hizo? Así: porque en vez de murmurar contra alguien, iba de una parte a otra diciendo [de Jesús]: «Es este, es este el que nos salvará». Y esta es una cosa buena. Las abuelas y los abuelos son nuestra fuerza y nuestra sabiduría. Que el Señor nos dé siempre ancianos sabios. Ancianos que nos den la memoria de nuestro pueblo, la memoria de la Iglesia. Y nos den también lo que de ellos nos dice la Carta a los Hebreos: el sentido de la alegría. Dice que los ancianos, estos, saludaban las promesas de lejos: que nos enseñen esto. "

Asimismo, se dirigía a los jóvenes, las familias y los enfermos.

A los jóvenes: Sería triste que un joven guarde su juventud en una caja fuerte: así esta juventud se hace vieja, en el peor sentido de la palabra; se convierte en un trapo; no sirve para nada. La juventud es para arriesgarla: arriesgarla bien, arriesgarla con esperanza. Es para apostarla por cosas grandes. La juventud es para darla, para que otros conozcan al Señor. No guardéis para vosotros vuestra juventud: ¡adelante!

A las familias: Las familias son la Iglesia doméstica, en donde Jesús crece, crece en el amor de los cónyuges, crece en la vida de los hijos. Y por eso el enemigo ataca tanto a la familia: el demonio no la quiere. E intenta destruirla, busca que no haya amor allí. Las familias son esta Iglesia doméstica. Los esposos son pecadores, como todos, pero desean ir adelante en la fe, en su fecundidad, en los hijos y en la fe de los hijos. Que el Señor bendiga la familia, la fortalezca en esta crisis con la que el diablo quiere destruirla.

A los discapacitados: Los hermanos y hermanas que sufren, que tienen una enfermedad, que están discapacitados, son hermanos y hermanas unidos por el sufrimiento de Jesucristo, imitan a Jesús en el difícil momento de su cruz, de su vida. Esta unción del sufrimiento la llevan adelante por toda la Iglesia. Muchas gracias, hermanos y hermanas; muchas gracias por vuestro aceptar y estar unidos en el sufrimiento. Muchas gracias por la esperanza que testimoniáis, esa esperanza que nos lleva adelante buscando la caricia de Jesús.

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» (Juan Pablo II)

Algunas consideraciones a propósito del tema...

Jesús también descansó con los suyos

Explicaba Benedicto XVI a los sacerdotes un pasaje del Señor con los apóstoles: "Recordemos una escena de Marcos, capítulo 6, donde los discípulos están «estresados», quieren hacerlo todo, y el Señor les dice: «Venid también vosotros aparte, para descansar un poco» (cf. Mc 6, 31). También esto es trabajo —diría— pastoral: encontrar y tener la humildad, la valentía de descansar. Por lo tanto, pienso que el celo por el Señor, el amor al Señor, nos muestra las prioridades, las opciones; nos ayuda a encontrar el camino."

Aprender a descansar

Somos limitados y débiles. A veces quisiéramos seguir trabajando, estudiando o sirviendo, pero las energías no dan para más. Hay que reconocer que no podemos hacer todo y que necesitamos tiempos y espacios de descanso.

Saber descansar es un arte y hay mucha gente que no lo sabe hacer. Porque no consiste necesariamente en no hacer nada, sino hacer lo que realmente nos hace recobrar nuevas energías, en el cuerpo y en el es­píritu.

Cada quien tiene su forma de descansar, según sus necesidades personales.

Contemplar la naturaleza, convivir con la familia y los amigos, ver un buen programa de televisión o una buena película, ir al teatro, leer el periódico o una novela que sea positiva, conocer otros lugares, hacer deporte o ejercicio físico, practicar un juego de mesa, etc., son otras tantas formas de descansar, de acuerdo a los gustos, necesidades y requerimientos de cada uno. Cambiar de actividad es una buena forma de descansar.

Las parrandas, las fiestas y algunos paseos no siempre descansan, sino que producen el efecto contrario.

Por otra parte, el descanso no es tal si antes no se ha cansado uno, trabajando duramente. Descansar sin haberse cansado es un aburrimiento y una pérdida de tiempo.

Finalmente, el descanso no es un valor absoluto. Muchas veces hay que renunciar a él, porque hay urgencias de amor y servicio al prójimo, que no se pueden posponer. En esos casos, hay que olvidarse de sí mismo y atender a quien nos necesita (cf Mc 6,31-34). Ya nos llegará el descan­so eterno (cf Hebr 4,10-11; Apoc 14,13).

Remedios contra la tristeza

El mayor cansancio es aquel que engendra pesadez en el ánimo, por esto, es necesario poner remedios a la tristeza. Es curioso, como Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo de la Edad Media, aconseja a quienes sufren, entre otras cosas, que no se rompan la cabeza con argumentos, ni leer, ni escribir; antes que nada, propone algo tan sencillo como tomar un baño, dormir y hablar con un amigo.

Tiempo de educar

El tiempo de verano, que está marcado por el descanso laboral y escolar, es un tiempo de estar en familia y, por tanto, de educar. Es fácil caer en la tentación de bajar los brazos por el cansancio de todo un curso; pero los hijos necesitan también ser alentados y corregidos en este tiempo.

Al igual, que otros campos –como la comida, la higiene,...- el tiempo de vacaciones también es momento de educar. Enseñar a los hijos a descansar, a jugar, a sacar algún tiempo de estudio,... constituye parte del arte de educar.

papafranciscoenfermo

-Cuando confieso a los jóvenes esposos y me hablan de los hijos, hago siempre una pregunta: «¿Y tú tienes tiempo para jugar con tus hijos?». Y muchas veces escucho del papá: «Pero, padre, yo cuando voy a trabajar por la mañana, ellos duermen, y cuando regreso, a la noche, están en la cama, duermen». ¡Esto no es vida! Es una cruz difícil. No es humano.

-Nuestros niños, nuestros muchachos sufren de orfandad. Los jóvenes están huérfanos de un camino seguro para recorrer, de un maestro de quien fiarse, de ideales que caldeen el corazón, de esperanzas que sostengan el cansancio del vivir cotidiano. Son huérfanos, pero conservan vivo en su corazón el deseo de todo esto. Esta es la sociedad de los huérfanos. Pensemos en esto, es importante. Huérfanos, sin memoria de familia: porque, por ejemplo, los abuelos están lejos, en residencias, no tienen esa presencia, esa memoria de familia; huérfanos, sin afecto de hoy, o un afecto con demasiada prisa: papá está cansando, mamá está cansada, se van a dormir... Y ellos quedan huérfanos. Huérfanos de gratuidad: lo que decía antes, esa gratuidad del papá y de la mamá que saben perder el tiempo para jugar con los hijos. Necesitamos el sentido de la gratuidad: en las familias, en las parroquias, en toda la sociedad. Y cuando pensamos que el Señor se ha revelado a nosotros en la gratuidad, es decir, como Gracia, la cuestión es mucho más importante. Esa necesidad de gratuidad humana, que es como abrir el corazón a la gracia de Dios. Todo es gratis: Él viene y nos da su gracia. Pero si nosotros no tenemos el sentido de la gratuidad en la familia, en la escuela, en la parroquia nos será muy difícil entender qué es la gracia de Dios, esa gracia que no se vende, que no se compra, que es un regalo, un don de Dios: es Dios mismo.

-Conversión no es fácil, porque es cambiar la vida, cambiar de método, cambiar muchas cosas, incluso cambiar el alma. Pero este camino de conversión nos dará la identidad de un pueblo que sabe engendrar a los hijos, no un pueblo estéril. Si nosotros como Iglesia no sabemos engendrar hijos, algo no funciona. El desafío mayor de la Iglesia hoy es convertirse en madre: ¡madre! No una ong bien organizada, con muchos planes pastorales... Los necesitamos, ciertamente... Pero eso no es lo esencial, eso es una ayuda. ¿A qué ayuda? A la maternidad de la Iglesia. Si la Iglesia no es madre, es feo decir que se convierte en una solterona, pero se convierte en una solterona. Es así: no es fecunda. No sólo engendra hijos la Iglesia, su identidad es dar vida a los hijos, es decir, evangelizar, como dice Pablo VI en laEvangelii nuntiandi. La identidad de la Iglesia es esta: evangelizar, es decir, engendrar hijos.

-Es un envejecimiento que... creo...de fuga de la vida comunitaria, esto es verdad: el individualismo nos lleva a la fuga de la vida comunitaria, y esto hace envejecer a la Iglesia. Vamos a visitar una institución que ya no es madre, nos da una cierta identidad, como el equipo de fútbol: «Soy de este equipo, soy aficionado de la católica». Y esto sucede cuando tiene lugar la fuga de la vida comunitaria, la fuga de la familia. Debemos recuperar la memoria, la memoria de la Iglesia que es pueblo de Dios. A nosotros hoy nos falta el sentido de la historia. Tenemos miedo del tiempo: nada de tiempo, nada de itinerarios, nada, nada. ¡Todo ahora! Estamos en el reino del presente, de la situación. Sólo este espacio, este espacio, este espacio, y nada de tiempo. También en la comunicación: luces, el momento, celular, el mensaje... El lenguaje más abreviado, más reducido. Todo se hace deprisa, porque somos esclavos de la situación. Recuperar la memoria en la paciencia de Dios, que no tuvo prisa en su historia de salvación, que nos ha acompañado a lo largo de la historia, que prefirió la historia larga por nosotros, de tantos años, caminando con nosotros.

-Una madre es tierna, sabe acariciar. Pero cuando nosotros vemos a la pobre gente que va a la parroquia con esto, con aquello otro y no sabe cómo moverse en este ambiente, porque no va con frecuencia a la parroquia, y encuentra una secretaria que grita, que cierra la puerta: «No, usted para hacer esto tiene que pagar esto, esto y esto. Y tiene que hacer esto y esto... Tome este papel y tiene que hacer...». Esta gente no se siente en la casa de mamá. Tal vez se siente en la administración, pero no en la casa de la madre. Y las secretarias, ¡las nuevas «hostiarias» de la Iglesia! Pero secretaria parroquial quiere decir abrir la puerta de la casa de la madre, no cerrarla. Y se puede cerrar la puerta de muchas maneras.

-La gente que viene sabe, por la unción del Espíritu Santo, que la Iglesia custodia el tesoro de la mirada de Jesús. Y nosotros debemos ofrecerlo a todos. Cuando llegan a la parroquia , ¿qué actitud debemos tener? Debemos acoger siempre a todos con corazón grande, como en familia, pidiendo al Señor que nos haga capaces de participar en las dificultades y en los problemas que a menudo los muchachos y los jóvenes encuentran en su vida.

-Debemos tener el corazón de Jesús, quien «al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 36). Al ver a las muchedumbres, sintió compasión. A mí me gusta soñar una Iglesia que viva la compasión de Jesús. Compasión es «padecer con», sentir lo que sienten los demás, acompañar en los sentimientos. Es la Iglesia madre, como una madre que acaricia a sus hijos con la compasión. Una Iglesia que tenga un corazón sin confines, pero no sólo el corazón: también la mirada, la dulzura de la mirada de Jesús, que a menudo es mucho más elocuente que tantas palabras. Las personas esperan encontrar en nosotros la mirada de Jesús, a veces sin ni siquiera saberlo, esa mirada serena, feliz, que entra en el corazón.

-Debemos replantearnos cuán acogedoras son nuestras parroquias, si los horarios de las actividades favorecen la participación de los jóvenes, si somos capaces de hablar su lenguaje, de captar incluso en otros ambientes (como por ejemplo en el deporte, en las nuevas tecnologías) las ocasiones para anunciar el Evangelio.

papafrancisco¿Qué es la familia? Más allá de sus acuciantes problemas y sus necesidades perentorias, la familia es un "centro de amor", donde reina la ley del respeto y la comunión, capaz de resistir los embates de la manipulación y la dominación de los "centros de poder" mundanos. En el hogar familiar, la persona se integra natural y armónicamente en un grupo humano, superando la falsa oposición entre individuo y sociedad. En el seno de la familia no se descarta nadie: tanto el anciano como el niño hallan acogida. La cultura del encuentro y el diálogo, la apertura a la solidaridad y a la trascendencia tienen en ella su cuna.

Por eso la familia constituye una gran "riqueza social" (cf. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 44). En este sentido, quisiera subrayar dos aportes primordiales: la estabilidad y la fecundidad.

Las relaciones basadas en el amor fiel, hasta la muerte, como el matrimonio, la paternidad, la filiación o la hermandad, se aprenden y se viven en el núcleo familiar. Cuando esas relaciones forman el tejido básico de una sociedad humana, le dan cohesión y consistencia. Pues no es posible formar parte de un pueblo, sentirse prójimo, tener en cuenta a los más alejados y desfavorecidos, si en el corazón del hombre están fracturadas esas relaciones básicas, que le ofrecen seguridad en su apertura a los demás.

Además, el amor familiar es fecundo, y no sólo porque engendra nuevas vidas, sino porque amplía el horizonte de la existencia, genera un mundo nuevo; nos hace creer contra toda desesperanza y derrotismo, que una convivencia basada en el respeto y en la confianza es posible. Frente a una visión materialista del mundo, la familia no reduce el hombre al estéril utilitarismo, sino que da cauce a sus deseos más profundos.

Finalmente, quisiera deciros que, desde la experiencia del amor familiar, el hombre crece también en su apertura a Dios como Padre. Por eso, el Documento de Aparecida indicó que la familia no debe ser considerada sólo objeto de evangelización, sino también agente evangelizador (cf. nn. 432, 435). En ella se refleja la imagen de Dios que en su misterio más profundo es una familia y, de este modo, permite ver el amor humano como signo y presencia del amor divino (Lumen fidei, 52). En la familia la fe se mezcla con la leche materna. Por ejemplo, ese sencillo y espontáneo gesto de pedir la bendición, que se conserva en muchos de nuestros pueblos, recoge perfectamente la convicción bíblica de que la bendición de Dios se transmite de padres a hijos.

Conscientes de que el amor familiar ennoblece todo lo que hace el hombre, dándole un valor añadido, es importante animar a las familias a que cultiven relaciones sanas entre sus miembros, a que sepan decirse unos a otros "perdón", "gracias", "por favor", y a dirigirse a Dios con el hermoso nombre de Padre.