Hace ya algún tiempo, Alejandro Sanz dejó caer una canción cuyo estribillo era el siguiente: “Si hay Dios, seguramente entiende de emoción”. En su momento me llamó la atención de que se atreviera a tocar un tema así. Hay como un temor grande, incluso entre las personas que se dicen creyentes para hablar de Dios en público. Parece como un tema tabú. Que si se van a reír de mí, que qué van a decir, etc…

Este cantante, en aquella ocasión, puso sobre la mesa un tema profundamente cristiano.

El Concilio Vaticano II dijo lo mismo sólo que de una manera más técnica y bastante más profunda:

“El Hijo de Dios […] trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno como nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium et Spes, nº 22). 

 Al amar con corazón de hombre también experimentó lo que significa la emoción en el amor. Como veremos en su momento, si Dios lo quiere, amar no siempre es sentir pero, a la vez, no habría amor verdaderamente humano si no se sintiera nunca nada. Y Jesús sintió. Sintió como hombre de la misma manera que “sintió” como Dios.

Precisamente una de las fiestas litúrgicas más importantes del año es justamente la fiesta del Corazón de Jesús. Corazón es una palabra comprendemos con facilidad y que, sin embargo, nos resulta tremendamente difícil de describir. Es, en cierto sentido, lo más evidente para cada uno de nosotros, pues remite a la propia intimidad de cada quién, la intimidad del que ahora escribe… la intimidad del que ahora lee… es, en cierto modo, lo más profundo y, a juicio de muchos, lo más importante.

No es sólo el “lugar” de las emociones (aunque éstas se encuentran allí como en su casa, especialmente las más espirituales) sino también el “lugar” de los secretos, de las confidencias, de lo más tremendamente personal que hay en nosotros.

Pues Dios, al hacerse hombre, tiene corazón. No es un Dios frío y distante. Lo es tan sólo cuando nosotros voluntariamente nos alejamos de Él. Pero si le buscamos, Él nos sale al encuentro y nos comprende… nos comprende perfectamente porque también tiene corazón humano.

 

Él no tiene pecado. Y tú y yo sí. Pero, en lo demás, como tú y como yo… tiene corazón. Tiene un corazón humano.