No sé si habrás tenido ocasión de estar en una celebración de una misa en el día de la Inmaculada. Si, por una de esas cosas de la vida te da por ir a misa un 8 de diciembre es posible que te encuentres que ese día el sacerdote no “va vestido” de blanco, ni de verde, ni de rojo y tampoco de morado… va vestido de azul.

Es posible que en esa parroquia o en esa iglesia no tengan casulla azul (ése es su nombre y no “vestido”) y entonces el sacerdote lleve puesta una blanca. Pero, en muchos lugares de España, si la tienen, los sacerdotes se pondrán la azul.

Pero sólo en España. Es un privilegio que concedió un Papa a este país por haber defendido durante mucho tiempo el dogma de la Inmaculada Concepción.

¿Qué significan estas palabras? Todos nosotros hemos recibido desde nuestra concepción el pecado original y sus secuelas. En realidad las tendencias desordenadas tras el pecado original son más que patentes en todos nosotros incluso después de nuestro bautismo.

En nuestro bautismo se nos perdonan todos los pecados personales (si los hubiera, como por ejemplo, en el caso de los adultos) y el pecado original. Pero las tendencias desordenadas permanecen y se manifiestan en esas inclinaciones, que en ocasiones se presentan con mucha fuerza en cada uno, a hacer lo que sabemos que está mal y sabemos que nos hace mal. Pero se nos presenta como un bien tremendamente apetitoso.

Pues bien, eso que hemos heredado todos desde nuestra concepción, la Virgen no lo heredó. Como Dios Padre la había destinado a ser la Madre de Dios, convenía que fuera preservada del pecado original ya desde su misma concepción. Que la Iglesia tenga noticia no ha sucedido con nadie más en toda la historia. Ella careció durante toda su vida de esa inclinación al pecado que todos padecemos en nuestro interior.

Eso no significa que no tuviera tentaciones (¡Si las tuvo el mismo Señor!). Nacer sin pecado y sin las consecuencias del pecado fue un regalo de Dios. Vivir durante toda su vida sin el más mínimo pecado ya fue algo fruto del don de Dios y de la libre colaboración de la Virgen María.

Por eso los Padres de la Iglesia llamaron a María la “Toda santa”. Sin mancha alguna de pecado en ningún momento de su vida.

 

Por cierto, la Inmaculada Concepción es la patrona de nuestra parroquia. Nada menos. No existe intercesor más poderoso en el Cielo o en la tierra después del mismo Hijo de Dios.