confesion5PÁRABOLAS CATEQUÉTICAS

Explicaba el Beato Josep Samsó i Elies algunas historias para hablar de la confesión.

La necesidad de ser valientes.

Un día, san Antonio, arzobispo de Florencia, acercándose al confesionario tuvo la visión de un espíritu maligno allí presente. "¿Qué haces?" le pregunto el santo. El demonio respondió: "devuelvo lo robado. ¿Ves estos que esperan para confesarse? Para pecar, fue preciso que les robara la vergüenza, porque si no, no habrían pecado; ahora, se la devuelvo, porque devolver lo robado es siempre una buena obra". El santo, indignado, hizo la señal de la cruz para que se alejase de aquél lugar sagrado y así no impedirá con la vergüenza la manifestación sincera de todos los pecados.

Por eso, se dice que la valentía es una excelente cualidad para poder confesar los errores y pedir perdón.

La necesidad del sentido común

Un soldado ha cometido un crimen espantoso del que solo es sabedor el general. Éste le llama y le dice: Ya sabes que mereces la pena de muerte; para que veas como te aprecio, elige: O bien manifiestas tu crimen a un oficial de mi confianza, que no lo podrá decir a nadie, y serás perdonado; o bien, tu crimen será publicado y serás ejecutado en presencia de todo el pueblo.

No se ha de preguntar lo que hará ese soldado, si no es que está loco.

Aplicación: el solidado es el pecador; Dios, el general; el oficial, el confesor.

EXPLICADA EN SINTESIS POR EL PAPA

1."En la celebración del Sacramento de la reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración ".

2. Alguno puede decir: "Yo me confieso solamente con Dios". Sí, tú puedes decir a Dios: "Perdóname", y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote.

3. "Pero, padre, ¡me da vergüenza!". También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un 'sinvergüenza'. La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona.

4. También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote esas cosas que pesan tanto en mi corazón: uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas – también la vergüenza – pero luego, cuando termina la confesión sale libre, grande, bello, perdonado, limpio, feliz. Y esto es lo hermoso de la Confesión.

5. Quisiera preguntarle, pero no responda en voz alta ¿eh?, responda en su corazón: ¿cuándo fue la última vez que se confesó? ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado? Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierda ni un día más! Vaya hacia delante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús, allí, ¿eh? Y Jesús es más bueno que los curas, y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor. Sea valiente, y adelante con la Confesión»