El hombre es un ser de deseos. Desea muchísimas cosas, unas buenas y otras no tan buenas. Unas que le hacen bien y otras que le hacen daño. Pero, es una experiencia común a muchos hombres, incluso cuando intenta saciar su deseo con cosas o con personas buenas, siempre se queda con la sensación de que prometían mucho más de lo que daban. Es natural. Es natural cuando lo que desea no es Dios.

 Cuando los hombres contemplan serenamente el mundo: la belleza de los paisajes, la bondad de muchos animales, la bondad y la belleza de muchas personas… con facilidad acaba preguntándose de dónde viene todo esto. Tiene la experiencia de que todas esas realidades se le pueden escurrir de entre las manos… que un día no fueron y que un día no serán. Y con   facilidad puede preguntarse de dónde han venido… y a dónde van. O, dicho de otro modo: ¿Quién ha hecho todo esto?

 Hay personas que tratan de tranquilizar su conciencia diciendo que todo ha sido fruto de la casualidad. Que nadie ha hecho nada. Que somos fruto de una carambola espectacular. En realidad, no es ese nuestro modo natural de proceder. Si ahora el Curiosity (ese aparatito que han enviado a Marte), encontrase en ese planeta una pirámide como las pirámides de Egipto todo el mundo pensaría –y con razón– que allí hay –o hubo– vida inteligente. Porque las cosas bien estructuradas, bien hechas, las hacen los seres inteligentes. Por eso, cuando el hombre contempla el mundo natural y el mundo personal (el milagro mismo que supone una sola persona en el mundo) con facilidad llega a que ha habido un Ser Inteligente que lo ha hecho. Y porque lo ha hecho a ese Ser Inteligente le llama Creador y a lo creado le llama Creación.

 Los que piensan que han venido al  mundo fruto de la casualidad me dan    mucha pena. Porque afirman que vienen de la nada y a la nada van. En el fondo, si lo piensan bien, afirman que nadie les quiere infinitamente. Los cristianos sabemos que hemos sido creados por el Amor de Dios, que del Amor venimos y, si queremos, hacia el Amor vamos. Por eso todos tenemos, en el fondo, un deseo de ser amados infinitamente. Pero amar infinitamente solo lo puede hacer Dios.

 

 De todas formas, lo más importante no es el deseo que nosotros tengamos de Dios sino el Deseo que Dios tiene de nosotros. Sí, Dios nos desea. 

Hará ya cosa de unos meses, el Papa Benedicto XVI nos advirtió que, a partir del 11 de octubre daría comienzo para todos los católicos el Año de la fe. Con este motivo, van a tener lugar numerosas iniciativas en toda la Iglesia. 

De modo particular, para nuestras parroquias, había pensado iniciar una       catequesis escrita sobre el Catecismo de la Iglesia Católica. Se trata de repasar en qué creemos los católicos y eso, mejor que ningún otro sitio, está plasmado en el Catecismo que promovió Juan Pablo II y salió gracias al entonces Cardenal Ratzinger (ahora nuestro actual Papa, bajo el nombre de Benedicto XVI).

Trataré que la exposición sea lo más sencilla posible y, aun así, quizá un año no sea suficiente para concluir la tarea. Me he propuesto, además, que ninguna de  estas  catequesis ocupe más de una cara de folio para facilitar su lectura.

 Recientemente he podido disfrutar de una relectura prácticamente íntegra de dicho Catecismo y te confieso que algunas de las cosas que he leído me han herido. Y me han herido porque no las hago bien. Es posible que a ti te suceda otro tanto cuando, poco a poco, vayamos desgranando las verdades de nuestra fe y las implicaciones morales que conllevan… y descubramos que, tú y yo, en ocasiones, no acabamos de dar la talla.

Eso es bueno. Es muy bueno. Porque Dios es exigente pero es exigente porque nos ama. Nos ama profundamente y desea que busquemos libremente nuestro bien, que es Él mismo. Por eso nos señalará todos los obstáculos que tenemos el camino. No lo hace porque desee que nos condenemos sino porque anhela que llevemos a cabo una profunda conversión, un profundo cambio de vida, una vuelta sincera hacia Él.  

 

Por eso te invito a que demos, los tres —tú, yo y Él— un largo paseo por el camino de nuestra fe. Le pido a la Virgen María que nos llene de luces y de gracias para que, tras haberlo recorrido seamos —todos— un poco mejores que cuando empezamos el camino. 

La misericordia es la disposición a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación. Es más que un sentimiento de simpatía, es una práctica. En el cristianismo es uno de los principales atributos divinos. La misericordia es también un sentimiento de pena o compasión por los que sufren, que impulsa a ayudarles o aliviarles; en determinadas ocasiones, es la virtud que impulsa a ser benévolo en el juicio o castigo. Su etimología, del latín misere (miseria, necesidad), cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás); significa tener un corazón solidario con aquellos que tienen necesidad.

https://es.wikipedia.org/wiki/Misericordia

 

 

 Castellón, 16 de noviembre.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó hace unas semanas la Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.

 La publicación de la Instrucción nos brinda una estupenda oportunidad para reunir a los consejos, grupos parroquiales, etc., y darles una catequesis sobre lo que la fe nos dice acerca de la muerte y de la resurrección. Es un tema que afecta a todas las familias de nuestra Diócesis, y una explicación autorizada de este punto de nuestra fe y de lo que indica la Instrucción, será muy conveniente. Por tanto, os ruego que así hagáis en los próximos días en todas las parroquias. 

La iglesia celebra el día 2 de febrero, la jornada de Oración por la Vida Consagrada. Tenemos entre nosotros tres conventos por los que rezar de modo especial. La Consolación, El Asilo y las Carmelitas del Caminas. Ellas lo hacen a diario por todos nosotros. ¡Gracias por esa dedicación! También celebraremos la Fiesta de la Candelaria.

Querido Jesús: Si buscas niños y niñas que quieran compartir con otros niños, yo soy uno de ellos.

Si buscas niños y niñas dispuestos a ayudar a quien lo necesite, yo soy uno de ellos.

Si buscas niños y niñas que hablen de ti y de la Virgen a los demás, yo soy uno de ellos.

Si buscas niños y niñas decididos a construir un mundo mejor, yo soy uno de ellos.

Si buscas niños y niñas que recen para conseguir todo esto, escucha nuestra oración, porque yo soy uno de ellos.

Amén.